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CANDIDIASIS INTESTINAL (2ª parte),CANDIDIASIS CRÓNICA

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CANDIDIASIS CRÓNICA

 

Fig. 1 CIRCULO VICIOSO CREADO POR LA INGESTA FRECUENTE DE ANTIBIÓTICOS 

Los síntomas  de la candidiasis crónica pueden ser muy diversos y variados, realmente produce un cuadro muy florido y confuso del cual citamos los más generales o comunes (no todos se dan simultáneamente, por supuesto, cada persona desarrolla un determinado conjunto de síntomas): 

-          Cansancio

-          Malestar general

-          Dolor muscular y de articulaciones.

-          Hinchazón abdominal.

-          Diarrea y o estreñimiento.

-          Depresión anímica

-          Irritabilidad y o inquietud

-          Incapacidad para concentrarse.

-          Molestias vaginales o prostáticas

-          Dolores de cabeza.

-          Dolores abdominales

-          Digestiones pesadas

-          Disminución de la capacidad de concentración.

-          Reacciones alérgicas de diversa incidencia.

-          Picor anal.

-          Aparición de aftas bucales.

-          Inflamación y sangrado de encías.

-          laringitis y faringitis recurrentes o crónicas.

-          Gases intestinales.  

-    Desorientación o sensación de borrachera.

-    Pérdida de memoria.

Debido tanto a la agresión mecánica como química por parte de las cándidas, se produce una inflamación de la mucosa intestinal, que a su vez aumenta la permeabilidad de esta, originando así el síndrome de hiperpermeabilidad intestinal, a partir del cual  surgen gran diversidad de patologías de carácter inmunitario e inflamatorio (principalmente). De forma consecuente  se da una  disminución de la capacidad enzimática del intestino; aunque  también se ven afectadas otras secreciones como las hormonales (secretinas Pej.),  las mucinas, los tripéptidos y factores inmunitarios (como las lisozimas); con la consiguiente disminución y empobrecimiento de la capacidad digestiva y defensiva de esta importantísima estructura, y por ende, del conjunto orgánico.

Como se ve, recapitulando, se produce una cascada de acontecimientos (de los cuales solo se citan tal vez los más importantes) que generan un círculo vicioso de incalculable impacto en la salud, y que presenta importantes dificultades en el diagnóstico dado el extraordinario desconocimiento que existe, en general,  sobre la importancia crítica y sistémica que posee la  estructura intestinal y el correcto equilibrio de su microflora. A esto hemos de sumarle, que las infecciones por cándida son difíciles de detectar por medio de biopsias o coprocultivo de heces, dada su localización por colonias y su extremada adherencia al epitelio. Los métodos serológicos resultan un tanto imprecisos (aunque pueden ser buenos indicadores orientativos). Por inducción, se deduce de todo los expuesto, que las pruebas más fiables son las efectuadas a través de la medición de los metabolitos micóticos (ácidos orgánicos) en orina, existiendo muy pocos laboratorios capacitados para realizar dichas pruebas, o también,  la determinación de la composición  de microorganismos de las heces realizado igualmente mediante técnicas avanzadas con la tecnologías apropiadas (laboratorios Great Plains y Great Smokies en USA). Nótese hasta que punto es difícil el diagnóstico por los procedimientos habituales y pretendidamente válidos, que incluso en las vulvovaginitis micóticas, que cursan con síntomas tales como picor, inflamación, secreciones blancas o amarillentas y dolor, muchas veces los cultivos realizados a partir del exudado vaginal dan un negativo. También es válido el ejemplo para comprender los efectos de este organismo en la mucosa intestinal, donde no tenemos una apreciación directa (inflamación, dolor, secreción de sustancias irritantes, etc..)  

 Diseminación de Cándida  a través de la circulación venosa después de penetrar en las células del epitelio intestinal.

Se podría  hacer una clasificación valorando la magnitud de la infección, no solo en lo referente a la localización y extensión, sino especialmente a su gravedad originada a partir de los factores ambientales y endógenos (principalmente) incidentes,  pero en virtud a lo expuesto, y dada su condición multifactorial  baste decir que puede ser tanto de carácter muy grave (tal como los casos originados por estados de inmunodepresión importantes, como el SIDA), leves (tal como cierto picor anal tras un breve tratamiento antibiótico) o de grado intermedio (como puede ser una candidiasis dentro de un cuadro de síndrome de fatiga crónica, donde la vida de la persona no corre riesgo pero su calidad de vida está completamente deteriorada). En cualquier caso entiéndase que la principal dificultad en su tratamiento es la consideración de que una vez adquirida la condición de candidiasis, aunque aparentemente superada,  el sujeto debe considerarse como un crónico asintomático, dada la gran tenacidad del hongo en cuestión y su extraordinaria capacidad de adaptación a los distintos agentes antimicóticos. Pero principalmente porque  los antimicóticos rompen la membrana celular del hongo, pero este no muere, sino que queda temporalmente inactivado en estado latente, en espera de que se produzcan nuevamente condiciones favorables para su desarrollo. Es una dificultad añadida el hecho de que puede igualmente quedar fijado en pliegues inaccesibles y profundos de las mucosas (por citar algunas de las razones).

Desde el punto de vista inmunológico, podemos articular dos razones fundamentales que explican la tenacidad y recurrencia de estas infecciones en algunos casos:“Se define el complemento como un sistema funcional de unas 30 proteínas del suero, que interaccionan entre sí de modo regulado formando una cascada enzimática, permitiendo una amplificación de la respuesta humoral. La activación y fijación del complemento a microorganismos constituye un importantísimo mecanismo efector del sistema inmune, facilitando la eliminación del antígeno y generando una respuesta inflamatoria.”

Es sabido que algunos microorganismos expresan moléculas que inhiben la acción del complemento, C. albicans es uno de ellos. En concreto y a título de curiosidad,  moléculas parecidas a CR2 y CR3; está última presenta homología antigénica con el CR3 humano. Todas estas moléculas pueden proteger a los microorganismos frente a consecuencias habituales de la fijación de anticuerpos y factor de complemento. Por Ej. impiden que ciertos receptores  de las células fagociticas del huesped (persona infectada) reconozcan las IgG o C3 (sustancias que marcan a los antígenos para ser atacados por las células inmunológicas).

Otra consideración de gran importancia relacionada con la inmunidad y la candidiasis crónica, es que se ha reconocido una hipersensibilidad de tipo retardado (tipo IV) frente a los antígenos fúngicos, y la ausencia de estas reacciones se asocia con infecciones crónicas.  Por lo tanto, hablamos de un factor celular  presente en aquellas personas que manifiestan candidiasis recurrentes o crónicas.             

El tratamiento sintomático y directo con antifúngicos no es efectivo de cara a la erradicación del problema, dado que  debe ser abordado desde una perspectiva etiológica. Son especialmente desaconsejables los tratamientos antimicóticos sistémicos de síntesis farmacéutica, tales como el fluconazol, itraconazol, etc., por dos razones principales:           

1.- Son altamente hepatotóxicos y lesionan la mucosa gastrointestinal(agravando el problema de hiperpermeabilidad).

2.- Junto con los hongos, erradican al resto de la flora, por lo que a la tenacidad de la cándida se le suma la ausencia de organismos que puedan competir con ella para la colonización del espacio vital y alimento. Por lo que es muy  usual que se produzcan rebotes de la infección, reapareciendo esta  con más fuerza si cabe.   Otra consideración importante es que al existir una permeabilidad aumentada y encontrarse la barrera mucosa perforada por las hifas, pueden penetrar en la sangre nuevas levaduras (también bacterias y residuos de la digestión) adquiriendo una distribución sistémica capaz de infectar otros órganos y estructuras.A todo esto, (incido de forma especial en este concepto) es  importante exponer que la hiperpermeabilidad  intestinal es una seria condición que muchas veces (la mayoría) no da una clínica precisa y clara.  Pero es un factor raíz y subyacente, tal como se ha mencionado anteriormente, a muchas patologías de carácter alérgico o inmunológico (principalmente) en su más amplio sentido. Esto es debido al paso de macromoléculas al torrente sanguíneo (y otras sustancias y organismos como ya se indicó) que dan lugar a respuestas inmunitarias no anafilácticas (intolerancias alimentarias), sino moduladas por las IGG, respuesta más lenta que puede dar manifestaciones visibles a partir de las 24  o 48 horas subsiguientes a la ingesta de las mismas.

Estas reacciones pueden provocar síndromes dolorosos de todo tipo, puede producir sensibilizaciones a distintas sustancias,  dolor de los ganglios linfáticos, alteraciones cutáneas y en general un abanico de disfunciones inespecíficas que cubren un amplio espectro de terrenos. Obsérvese a este respecto la incidencia de los péptidos de la leche y el trigo (caseomorfina y gliadinorfina) en los procesos autistas (existe abundante bibliografía al respecto, recomiendo los estudios realizados por el Dr. Willian Shaw y col).

A modo indicativo digamos que la digestión es el proceso mediante el cual se reducen los principios inmediatos en sustancias más sencillas para ser absorbidas y utilizadas (los carbohidratos en glucosa, las proteínas en aminoácidos y las grasas en ácidos grasos). Cuando nos referimos a macromoléculas, compréndase que predominantemente nos referimos a elementos de esta naturaleza que no han sido debidamente digeridos. En este proceso las enzimas juegan un papel no fundamental, sino imprescindible.            

Existe una prueba de laboratorio muy efectiva para valorar la permeabilidad del intestino, pero igual que en los casos anteriores, lamentablemente, son muy pocos los laboratorios que la realizan y menos aún los profesionales que la piden (por desconocimiento como hemos señalado).

Dada la conexión directa que tiene el hígado vía porta con los intestinos (la vena porta recoge el contenido de la absorción intestinal y lo lleva directamente al hígado),  considerando que este órgano es la gran planta bioquímica del organismo, responsable (entre otras cosas) de la desintoxicación del mismo, es fácil deducir el tremendo impacto que posee sobre este la hiperpermeabilidad del intestino y las consecuencias derivadas de tal hecho. Es decir, la absorción e introducción de sustancias mal degradadas y tóxicas, consecuencia de una deficiente capacidad de digestión, absorción y filtrado, provocando un estado congestivo por estrés tóxico en el hígado. Como consecuencia, todo el metabolismo se ve afectado. A esto, sumémosle la carga de tóxicos generada por la infección micótica.El resultado final de esta sumatoria es una autointoxicación de carácter crónico, de donde resultan diversos bloqueos metabólicos (de similar naturaleza a los descritos en el apartado referente a los metabolitos fúngicos, donde vimos como algunos de estos, bloquean la conversión de unas sustancias en otras, inhibiendo una determinada enzima y en consecuencia bloqueando una ruta metabólica determinada). En base a lo expuesto, y dado que en la actualidad los factores de riesgo son en gran medida muy abundantes, y muchas de tales circunstancias son un denominador común en la vida actual de la gran mayoría de las personas (especialmente en las urbes), las candidiasis son cada vez más frecuentes.

La terapéutica más apropiada desde mi experiencia personal e investigación, es un tratamiento biológico e integral que comprenda y module todos los parámetros susceptibles de modificación. Esta terapia debe ser efectuada protocolariamente  mediante distintas etapas (adaptadas a las condiciones particulares del enfermo),  encaminadas y dirigidas hacia la reestructuración de todos los factores implicados (mencionados algunos de ellos).

 Esta pauta requiere según la gravedad de los casos de varios meses (dependiendo del tiempo de evolución y gravedad que se presente), en los que el organismo afectado debe ir recuperando sus ritmos biológicos y regenerando sus tejidos y funciones a un ritmo que le es natural y no impuesto mediante estimulación farmacológica, y donde las pautas dietéticas son el pilar fundamental. A partir del tratamiento y recuperación, el paciente debe observar en lo sucesivo una serie de condiciones higiénico-dietéticas a lo largo de su vida, condiciones que no necesariamente tienen que ser inflexibles y rigurosas pero que sí deben representar la norma general. Esto será así, hasta que se descubra la forma de erradicar (efectivamente) a estas levaduras que de cándidas solo poseen su nombre (aunque existe un fármaco de uso hospitalario, que según parece, si presenta esta capacidad).

Concluyendo,  queda claramente expuesta la importancia extraordinaria que tiene esta patología incomprensible  y negligentemente soslayada por los profesionales de la salud, y se comprenden las razones por las que puede relacionarse con tantas enfermedades (consideradas de carácter idiopático muchas de ellas).  A su vez, queda dicho entre líneas, que a la hora de abordar su tratamiento es necesario hacer un estudio global del paciente (nunca sintomático), en donde la alimentación (la supresión de determinados carbohidratos) es sin duda la piedra angular del mismo.     

(1)      Se ha descrito que la transición levadura hifa en C. albicans está inhibida por la 1,4 diamino-2-butanuna (DAB), un inhibidor competitivo de la  Ornitina Descarboxilasa (ODC), la primera enzima implicada en la síntesis de poliaminas. Cuestión está que abre un prometedor campo de investigación hacia la prevención y tratamiento de esta enfermedad.  

 

 © copyright by Vicente Saavedra González

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